Una tarea que me ha resultado y me resulta un reto es aceptar el mundo en el que vivo y creo que cada vez lo voy aceptando más, pues cada vez siento menos ganas de cambiarlo y más de aceptarlo y cambiar mi realidad. Sé que hay una etiqueta bien gorda hacia “rendirse” o “dejar de luchar”, pero sólo cuando vives de verdad ese cambio en ti, logras entender el sentido tan profundo y revolucionario que tiene. A veces sueño con un mundo distinto y me doy cuenta de que este es el que hemos construido entre todos y todas. Merecemos este mundo, pero no rollo “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa”, sino básicamente por cada acto, palabra, pensamiento y sentimiento que he puesto de mi parte para que en este momento sea así. Hoy me he despertado con un pensamiento en la cabeza… ”¿Qué sentido tiene semejante sin sentido?”. Y me respondo a mí mismo: “se que lo tiene”, pero mi naturaleza me lleva a cuestionar y a veces le doy rienda suelta. En mayor o menor medida todos participamos de sostener este mundo que no termina de convencernos. Cada vez que metemos unos litros de gasolina en el tanque, cada vez que vamos a trabajar por un sueldo que nos parece injusto, cada vez que nos quejamos de algo y no hacemos nada por cambiarlo, cada vez que decimos “voy a ver que echan en la tele para desconectar un rato”, cada vez que nos sentimos por encima o por debajo de alguien, y especialmente, cada vez que dejamos un sueño de lado dándolo por imposible, colaboramos en mantener el actual mundo. Aún así sigo teniendo total esperanza en un mundo distinto y creo que no son pocas las acciones de todo tipo que demuestran que muchos queremos otra realidad y que el planeta está viviendo una verdadera transición.

Muchas veces me pregunté, ¿para qué nos sirvió tanto estudiar?. De las matemáticas aprovecho en mi día a día las operaciones básicas, es decir, sumar, restar, multiplicar y dividir, los porcentajes, la regla de trés, el cálculo de un área, de vez en cuando una fórmula que busco por internet y poco más. De música casi nada, pues aunque me gusta mucho la música no es algo a lo que actualmente quiera dedicarme. Me gusta el rap, pero para rimar sólo utilizo algunas reglas básicas sobre métrica, algo que me sirvió de Lengua y Literatura, además de algunas técnicas de escritura que ahora utilizo para escribir. De Ciencias Naturales, descubrí que observando la naturaleza aprendes mucho más que sabiendo de memoria de que está formada una célula, aunque ahora la propia observación de la naturaleza me despierta el interés e investigo por mi cuenta sobre ello, ¿no sería al revés cómo deberían habérnoslo mostrado?, (aunque lo lanzo en forma de pregunta claramente estoy haciendo una afirmación). De Geografía, sólo me acuerdo de los continentes, de buena parte de los países del mundo, de algunas ciudades y de algunos ríos y montañas, para lo cual sólo hay que recurrir a mapas para encontrarlos. De Historia recuerdo algunos acontecimientos y resulta que ahora me pregunto que de todo eso que me contaron que hay de cierto en todo ello y que no nos han contado (por ejemplo, fue por mi cuenta o gracias a compartir con otras personas que descubrí la vida de personas tan interesantes como Nikola Tesla, Rudolf Steiner o John Seymour). De tecnología recuerdo algunos experimentos que hicimos como conectar un circuito para encender una bombilla y poco más. Y podría seguir con cada una de las materias que estudiamos durante años en el colegio, el instituto e incluso diría que la mayoría de asignaturas de la universidad.
Hoy acepto que me hubiese gustado que me enseñaran a investigar, que me hubiesen enseñado a identificar como me siento en cada momento, que me hubiesen explicado experiencialmente sobre los ritmos de la vida, que me hubiesen mostrado la sabiduría que salvaguardaron nuestros antepasados, pero… ¡venga, va!, dejándome de rollos sobre lo que me hubiera gustado y no pasó, yo mismo me he buscado la vida para darme a mí mismo esas respuestas. Realmente me agradezco haberme lanzado a ser autodidacta y encargarme yo mismo de mis propios intereses. Siempre estudié obligándome y a regañadientes y también siempre supe que mi camino no iba por ahí. De hecho, como muchos/as, soporté, primaria, secundaria, bachillerato y dos carreras sin completar. Y sobrevivimos señoras y señores, menudo mérito, aunque las heridas que nos dejaron nos toca a cada uno sanarlas. El ciclo formativo que estudié es lo único que considero que valió la pena dentro del ámbito académico “formal”, pues allí los maestros y maestras tenían experiencia de lo que enseñaban y se hacía práctica de casi todo lo que estudiamos. Doy gracias a todos aquellos profesores y profesoras que me hicieron llegar la materia desde el amor por la misma, en cualquier fase de mis estudios. Aunque esta ya es una etapa que pasé y ahora yo decido en que formarme y en que no, si que es algo que me gusta compartir.

Lo siguiente que pienso es, el mundo es el que es, pero si fuera el que yo tengo tan claro en mi cabeza, viviríamos muy distinto. Y sé que muchas personas tienen en su cabeza un mundo similar. Si tuviéramos adultos maduros, acompañaríamos a los niños y niñas desde su nacimiento para que se encaminasen hacia donde su corazón les dicta. Nadie, ni niños ni adultos necesitan maestros, todos requerimos de acompañantes si acaso. Si los niños y niñas tuvieran adultos orgullosos de aquello a lo que se dedican, buscarían por su cuenta maestros que mostrasen su sabiduría en las materias por las que sienten interés y despertarían su propia automaestría. Serían autoaprendices que investigarían de forma independiente, auténticos y auténticas genios/as. ¿Puedes imaginar ese mundo?, sabiduría y creaciones sin límites y gente orgullosa de ser quien quiere ser en la vida. Si cada uno ofreciese sus servicios y productos o elaboraciones con total vocación y amor por lo que hace, no harían falta horarios, prisas, ni grandes multinacionales. Si entendiésemos que tú tienes aquello que requiero de ti y yo tengo aquello que requieres de mí, no necesitaríamos de tanta burocracia, pero seguimos optando porque sea el sistema quien nos diga “eres apto” o “no vales”. Esto sería tan simple como que aquello que necesito aprender ya lo sabe alguien y seguro que estaría dispuesto a ofrecerme sus conocimientos y sabiduría, o de no ser así, puedo aprenderlo por mi cuenta. Sin horarios estrictos y sin dinero, no diríamos, “no tengo tiempo para ti” o “tengo que cobrarte para poder vivir”. Y por otro lado, aquello que necesito satisfacer (productos y servicios) hay alguien que me lo puede ofrecer, al igual que él o ella podrá hacer uso de lo que yo ofrezco o de lo que otros ofrecen. ¿Qué pinta el dinero aquí?, claro que ello requiere dejar de pensar en ”lo que yo ofrezco requiere de más trabajo y vale más”, pues seguro que cuando lo necesites alguien hará lo propio por ti (más que nunca, “la vida proveerá”).
Dentro de mí sé con certeza, que este mundo, evidentemente con algunos cambios sustanciales, sería completamente posible sin dinero, sin estrés y sin desigualdades sociales y ya sé que hay mucho que hacer, por supuesto, siempre ha habido mucho que hacer para cambiar la realidad, no es distinto a otros momentos de la vida. Hay quien verá esta visión como algo idílico o inalcanzable, pero te puedo asegurar que es tan real como que tenemos el poder en nuestras manos y seguimos cediéndolo a unos pocos bastante más listos. Estos mismos a los que tanto criticamos nos están enseñando a coger nuestro poder a base de bien (o de palos), si “enseñando”.
A veces me pregunto ¿Está preparada para esto la humanidad? ¿Está preparada para dar sin límites? Y realmente no lo sé, seguramente sí, pero para ello hay que “darse cuenta” y como todo en la vida, arriesgar. No sé si tú realmente eres consciente de que esto es posible o si piensas que el mundo está destinado a la extinción o piensas cualquier otra cosa, pero ten claro que aquello que piensas y sientes sobre el mundo está dando fuerza a que “así sea.” Aún así, sigue estando en nuestras manos nuestro presente y tan sólo nuestro presente, ahí reside el cambio (y no rollo frase New Age, es tan simple como real). El futuro es la mentira en la que nos tienen ensoñados y el pasado es humo sin sustrato a lo que nos agarramos sin abarcar más que eso, humo entre las manos.
Loco ya no es el término que usan para etiquetar y quitar credibilidad a quien habla de temas que no suelen tratarse, ahora se encargan los medios de hacer que todo pase desapercibido, pero recuerda esto, la verdad jamás será callada.